Acerca de este artículo
Al igual que las hojas de otoño, nuestros cuerpos llevan las marcas de nuestra mortalidad. Pero, ¿acaso irrespetamos y descuidamos nuestros cuerpos en el presente porque serán reemplazados por cuerpos incorruptibles en el futuro?
En las siguientes páginas, el educador y naturalista Dean Ohlman nos ayuda a ver que, al cuidar nuestros propios cuerpos, también tenemos razones para cuidar el mundo que nos rodea. Ambos son productos de la obra de Dios, ambos requieren nuestra fiel administración y ambos comparten la promesa de una futura restauración.