Acerca de este artículo
Gran parte de nuestra ansiedad parental tiene su origen en expectativas poco realistas.
Pocas experiencias son más maravillosas y difíciles que criar hijos. Salomón reconoció ambas facetas cuando dijo: «El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre» (Prov. 10:1). Para este desafío, la Biblia ofrece sabiduría. En ningún lugar hay más realismo que en las experiencias de Abraham, Sara, David, el padre y la madre del hijo pródigo, y otros. En ningún lugar hay más comprensión y consuelo que en el Padre celestial que ama y espera pacientemente en la vida de sus propios hijos en crecimiento.