Acerca de este artículo
¡El tiempo no ha puesto fin a mis dudas!
Algunos de mis amigos cristianos me dicen que nunca tienen dudas sobre su fe. Yo no puedo decir eso. Mi confesión puede sorprender a algunos que me conocen. Sin embargo, a menudo he luchado con dudas sobre mi fe. Recuerdo haberme inquietado de niño al leer algunas de las historias del Antiguo Testamento. ¿Cómo podía creer en la bondad de un Dios que ordenó a los israelitas matar a todos los cananeos, incluso a los niños pequeños y a los bebés? ¿Cómo puede haber tantas injusticias sociales? También tengo dudas que surgen de mi conciencia de mi propia imperfección. A pesar de estas preguntas, he aprendido con los años a estar en paz con Dios. He descubierto que cuando soy honesto con Él, Él me ayuda a lidiar con mis dudas.